“Luz, más luz” se dice que pedía Goethe en sus últimos momentos. Hoy el poeta, que fue también un eficaz gobernante, matizaría a buen seguro su demanda invocando el ahorro y la eficiencia. Porque en una Europa pobre en recursos energéticos es indispensable que sepamos distinguir entre el consumo necesario, el que impulsa la economía, y el superfluo. Este último es preciso dominarlo y para ello urge alentar un cambio drástico de los hábitos de muchos ciudadanos europeos. Cuando analizamos la crisis económica pedimos austeridad y también estímulos al crecimiento. Pues bien, pocos ámbitos mejores para llevar a la realidad estas bellas palabras que el energético donde se debe conjugar el ahorro y las inversiones necesarias para grandes proyectos, entre ellos, la construcción de una red integrada de sus infraestructuras, cuyo Informe tuve el honor de presentar ante este Parlamento. La Comisión debería hacer esfuerzos más concretos que los hechos hasta ahora porque con ello ayudaría a fortalecer la columna vertebral de Europa. Solo una política energética europea sólida y bien trabada, eficiente y ahorradora, puede permitir a Europa caminar erguida y en la buena dirección.
Todas las precisiones que vengan de la Comisión en este sentido serán bien recibidas.