De histórico puede calificarse el momento que afronta el proyecto de UPyD, tanto en Madrid como en el resto de España. Es obvio que este calificativo, tan poco original, puede aplicarse a casi todo lo que va aconteciendo, día a día, mes a mes, en el ilusionante movimiento ciudadano que es Unión Progreso y Democracia.
Embarcarse en un proceso de primarias porque es lo correcto. Pudiera ser que un día esto sí mereciese un apartado en algún libro de historia, quizás electrónico, cuando alguien explique cómo tras casi cuatro décadas de democracia, abocada a un bipartidismo férreo —a causa de una ley electoral que pudo ser equilibrada en su momento—, ahora tutelada y condicionada por nacionalismos aún más férreos, por fin surgió en España una alternativa sensata, moderna y de mirada limpia que dio al traste con los últimos años tristes de esa cuarentena, ofreciendo a los ciudadanos una visión sensata y positiva de las cosas. Pero esto será otra historia.
En efecto, una de las banderas que Rosa Díez enarbola con más fuerza es la «Regeneración Democrática», de manera que la política deje de ser asunto de unos pocos profesionales, curtidos en terribles batallas dialécticas, pero alejados de los problemas reales, para acercarse y formar parte de la vida normal de las personas que realmente están preocupadas por su presente, su futuro y el futuro de sus hijos y de España.
En ese marco de acercamiento de la política a la ciudadanía, UPyD se dotó en el último congreso —en realidad, primero, también histórico— de unos estatutos que dejaban bien claro que nadie tendría responsabilidades en la organización o en las instituciones si no gozaba de la confianza del resto de los afiliados para desempeñar cada tarea. Y ahí es donde surgen las Elecciones Primarias.
Según nos hacen ver los partidos grandes —que no grandes partidos—, percibimos las primarias como un signo de discrepancia interna, zozobra, falta de entendimiento o, incluso, debilidad, en el seno de una organización. La especie está tan extendida, que incluso hace poco leí un encabezado de prensa según el cual «UPyD tendría que afrontar un proceso de primarias en Madrid, porque hay más de un candidato para representar a la formación...».
Quizás sea cierto, en el caso del PSOE, que necesiten hacer primarias porque haya desavenencias internas muy graves, o en el PP, donde las discusiones se evitan porque los candidatos se nombran desde muy arriba de una forma bastante primaria, ¿o primitiva? No es el caso de Unión Progreso y Democracia.
El objetivo de unas elecciones primarias en nuestro partido es justo lo contrario. La «carrera electoral» de las primarias servirá para reforzar y difundir nuestro mensaje, dentro de la variedad de matices que tenga cada aspirante. El que gane lo hará por haber corrido más eficazmente hasta la meta, no por haber puesto zancadillas al rival, ni por tomar la salida con unos cuantos metros de ventaja, como criticaba nuestra portavoz nacional, hace unas semanas, refiriéndose al PSM, «unas primarias dejan de serlo cuando hay candidatos propuestos por la Dirección: ya no son primarias, son secundarias en todo caso».
Aunque haya un solo candidato en liza, éste deberá contar con el apoyo suficiente de los afiliados, que confíen en que esa persona será capaz de llevar a las instituciones el verdadero mensaje de «mirada limpia» que decía al principio. Si no lo consiguiera, ni siquiera con un solo aspirante podríamos entonar el «habemus candidato» al terminar cada convocatoria.
Quiero pensar que otro de los objetivos es servir de ejemplo para las personas que crean que aún es posible hacer las cosas de otra manera, transparente, positiva y moderna. En esta academia de democracia, este otoño cursaremos y terminaremos «primero de primarias». Confío en que podamos celebrar un aprobado con buena nota, con la materia bien afianzada para las siguientes pruebas, ya sean municipales, autonómicas o legislativas.
Antonio de Torre