Hoy he leído un artículo en el que se cuestionaba el «Estado del Bienestar». Pienso que aunque no sea su final, sí que va a suponer un cambio importante en las costumbres y en el consumo, especialmente en España, en donde hemos desaprovechado grandes oportunidades para consolidar lo que con mucho trabajo se viene haciendo desde la transición. No obstante, políticos y banqueros no han estado a la altura de las circunstancias y ahora no nos queda más remedio que pasar un desierto de penalidades. Y si no, que se lo digan a los más de 5 millones de parados o a los cientos de miles de pequeños empresarios que han perdido su empresa o a los miles de personas que tienen que ir a los comedores de Cáritas u otras ONG para comer al menos una vez al día.
Creo que el cambio ya se está produciendo, apretando el cinturón a los funcionarios y pensionistas. Me pregunto cuándo les va a llegar su turno a sindicatos, partidos políticos y organizaciones empresariales. Todos, financiados por el Estado, es decir, por los ciudadanos. Estas organizaciones deberían dejar de mamar de la teta del Estado —ciudadanos—, y empezar a vivir de las cuotas de sus afiliados. Esto no solucionaría la crisis del «Estado del Bienestar», pero algo ayudaría y moralmente nos sentiremos mucho mejor.
Otras reformas que son urgentes son, por ejemplo, la “Ley para la financiación de las entidades locales” con su techo correspondiente en los gastos. El adelgazamiento de otras administraciones públicas, como las diputaciones. ¿El Senado sirve realmente para algo? o nos bastaría con un Parlamento más activo y reforzado, o con una Cámara Regional, donde se reunieran representantes de las CC.AA. Por supuesto que cuando digo adelgazamiento de las AA.PP., incluyo la eliminación casi total de asesores y puestos de responsabilidad intermedia que los políticos del PP y del PSOE se han asegurado de perpetuar.
No quiero terminar sin apuntar a otras reformas urgentes, que también influyen en el Estado del Bienestar, como el regreso al estado de las competencias sobre la educación, o la reforma de la justicia, para que realmente sea independiente y tengamos una democracia fiable. Dos ejemplos más son la reforma de la ley electoral, para que los votos de todos los españoles valgan lo mismo, independientemente del lugar o región en la que vivan, o la imputación por lo penal, a los cargos corruptos, ladrones o ineptos.
Pablo Sánchez Buján
Octubre de 2011