Redacción web
El PP y el PSOE quieren recortar en democracia para seguir despilfarrando en las instituciones
13 de Octubre de 2011 El Partido Popular ha sugerido recientemente la posibilidad de reducir de 350 a 300 el número de diputados en el Congreso como supuesta medida de ahorro, y - cosa extraña en época pre-electoral - al candidato socialista Pérez Rubalcaba no le ha parecido mala idea. Tras décadas de crear y mantener organismos inútiles, hinchar las instituciones con cargos elegidos a dedo y sin hacer nada para reformar estructuras ineficientes, resulta poco verosímil que PP y PSOE tengan un verdadero interés en llevar hasta el final las reformas que la Administración española necesita. Sin embargo, la propuesta concreta de reducir el número de diputados sí resulta creíble por una razón muy sencilla: podría hacer desaparecer a los partidos minoritarios.Eliminar 50 diputados daría a las provincias pequeñas – como ha afirmado el candidato número dos de Unión Progreso y Democracia al Congreso, Carlos Martínez Gorriarán - un peso aún más determinante del que tienen en la actualidad, que ya es superior al que les correspondería en un reparto proporcional. Esto hace que el voto de un ciudadano en una provincia grande valga menos que el de su compatriota en una provincia poco poblada. ¿Son entonces los habitantes de Soria, Ávila o Teruel unos privilegiados? No necesariamente. Depende de a quién voten. Si eligen al PP o al PSOE, su voto tiene mucho peso. Pero si eligen una opción minoritaria, es casi imposible que su voto se transforme en un escaño, dado el escaso número asignado a la mayoría de las provincias. De este modo el sistema penaliza a los partidos minoritarios y supone una barrera de entrada a quien quiera competir con los dos partidos grandes y sus socios nacionalistas. Pero sobre todo perjudica a los ciudadanos, que ven menoscabada su igualdad respecto a otros y limitada su libertad, ya que, de hecho, votar por el partido que en realidad les gusta está penalizado. La reducción de diputados no haría sino agravar esta situación.Unión Progreso y Democracia ha propuesto reducir el número de diputados en la Asamblea de Madrid, donde tiene grupo parlamentario, y donde la situación es muy diferente. Madrid es circunscripción única, por lo que no existen estos problemas de proporcionalidad, aunque Esperanza Aguirre ha parecido en ocasiones dispuesta a crearlos, sugiriendo un sistema electoral uninominal y una división de la Comunidad en circunscripciones. La propuesta de UPyD no pondría en riesgo la proporcionalidad (antes al contrario, ya que se contempla reducir al 3% el mínimo de votos para que una fuerza política pueda acceder a la Asamblea), y serviría para reducir gastos. De hecho, mientras en el Congreso hay un diputado por cada cerca de 132.000 habitantes, en la Asamblea de Madrid hay uno por cada 50.000. El coste por diputado del Congreso es más bajo que el de los diputados de muchos parlamentos autonómicos.En su reforma de la Ley Electoral UPyD, por el contrario, contempla pasar de 350 a 400 diputados en el Congreso, que serán elegidos en parte en circunscripciones que coincidirían con la Comunidad Autónoma y en parte en una circunscripción nacional. De este modo se aumentaría la proporcionalidad del sistema y los votos de los ciudadanos tendrían un valor similar, independientemente de dónde o por quién voten. El sentido de su sufragio no quedaría pervertido como lo está ahora, y el sobrecoste que supondría podría recuperarse ahorrando en muchas otras partidas. Por lo tanto una reducción de diputados nacionales es un recorte en democracia, en igualdad y en libertad. La propuesta es una maniobra más para blindar el bipartidismo y vuelve a demostrar que PP y PSOE comparten más de lo que quieren reconocer: un mismo interés por mantener el statu quo y una alergia incorregible al pluralismo no nacionalista. Unión Progreso y Democracia lleva cuatro años proponiendo reformas que eliminen el derroche en las administraciones y que aumenten la calidad democrática de nuestro sistema político. Los dos partidos tradicionales, tras ignorar estas propuestas o, en algunos casos, hacerlas suyas con escasa credibilidad, sugieren ahora poner el último ladrillo al muro del bipartidismo, cercar las instituciones para que nadie que ellos no admitan pueda entrar en lo que consideran su cortijo.
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