El diario ABC nos dedicaba el pasado viernes una editorial de esas entre azucaradas en la forma y un tanto tóxicas en el fondo: nos calificaba como “Rosa Díez, la otra izquierda”. El pretexto era nuestro voto contra la partida dedicada a la Casa Real en los Presupuestos Generales del Estado. La razón ya la explicó Rosa: si estamos contra el conjunto de los Presupuestos presentados por el gobierno, como es el caso, también estamos contra cada una de las partidas que lo componen. Lógico. Quien debería explicarse es el PP, que vota según qué y dice que está en contra de todo. Esto no tiene nada que ver con la forma del Estado; a nosotros nos parece bien que siga siendo una Monarquía Parlamentaria, aunque sería mucho mejor si fuera verdaderamente Parlamentaria, porque ahora se parece más a un híbrido extraño, una Monarquía-Presidencialista (del Gobierno), tendencia instaurada desde el primer momento de la Transición (razón, quizás, de que, a final, al Rey le cayera fatal Suárez, aunque la historia oficial diga otra cosa; pero eso se lo cuento otro día) y sucesivamente reforzada por el cesarismo de González, Aznar y ahora Zapatero.
Bien, el caso es que ABC es el gran periódico monárquico por tradición y vocación, además de católico militante, y por tanto puede parecer normal que adjudique la etiqueta de izquierdista, aunque sea “otra”, a Rosa y al conjunto del partido, por esa sospechosa falta de entusiasmo monárquico (entusiasmo, en griego antiguo, quería decir arrebato demente). En realidad, desde que Esperanza Aguirre consiguió librarse de José Antonio Zarzalejos para poner ABC al servicio de sus propios intereses partidarios, era de esperar que el diario esperara alguna oportunidad para ajustarnos las cuentas, toda vez que Madrid, como es notorio, es la comunidad donde más crece la expectativa de voto a UPyD, y no para ser bisagra precisamente. Se trata de alejarnos, o de enajenarnos, a los votantes de derecha o liberales disgustados con la manifiestamente mejorable oposición del PP a Zapatero. O hartos de la gestión seudoliberal de doña Esperanza, todo hay que decirlo. Y un modo de procurarlo es poner en solfa nuestra acreditada transversalidad, señalando a los cegatos de derechas: “Ojo, que no os engañen, serán muy majos y tal, pero son de izquierdas, como el PSOE”.
Seríamos de izquierdas, dice ABC en esa editorial, porque le discutimos el momio a la Real Casa, y porque estamos a favor del aborto y de la eutanasia. Sobre la segunda no nos hemos pronunciado todavía –adelanto mi completo apoyo a cualquier ley decente a favor de una muerte digna (eutanasia, en griego)-, y sobre el aborto, no estamos a favor -frívola estupidez-, sino a favor de su regulación legal, manifiestamente mejorable (también considero mejor una ley de plazos que la chapuza actual, que permite el infanticidio). Ahora bien, por elevación señala ABC a sus lectores que su partido de referencia debe ser el PP –facción Esperanza-, que no regatea el subsidio a Palacio y que… ¿Qué? Porque, que sepamos, el PP también acepta la regulación legal del aborto, como no puede ser de otro modo en una sociedad laica donde las creencias religiosas no deben obligar a nadie por vía de ley. Y, respecto a la eutanasia, que en parte ya está pre regulada a través de la figura del Testamento Vital, no dudo de que el PP, si es sensible a las demandas ciudadanas, pactará lo esencial de una ley que lo regule. Como la del aborto o, en su día, la del divorcio. Pues sólo faltaba que nos gobernara Rouco Varela por delegación.
Si el editorialista de ABC cree de veras que un votante cabal de derechas no debe nunca votar a un partido que acepte la regulación legal del aborto, también debería pedir que nunca vote al PP, que acepta la ley del aborto tal como está y con los excesos que permite (razón de que vengan a abortar a España mujeres que no pueden hacerlo legalmente en Holanda o Inglaterra). Y además, ABC propugnaría que se cree un partido de derecha confesional, al estilo de la democracia cristiana, lo cual sería totalmente legítimo por otra parte. Pero claro, quizás al precio de eternizar al PSOE en el poder.
En conclusión, lo que tenemos es otra muestra de la hipocresía de una parte de la derecha tradicional, que no tiene mucho que enseñar a la izquierda del mismo linaje. Se trata de acusarnos de ser de “izquierdas” para restarnos simpatías de católicos, liberales y conservadores no reaccionarios. Así se elude pedir al PP que sea congruente con los supuestos principios que le inspiran y que, si está en contra de la regulación legal del aborto y la eutanasia, vote en contra de esas leyes y pida su derogación. Pero eso tendría un costo electoral altísimo, de modo que la “solución” es dejar a la Iglesia las cosas de la moral, y entre tanto adaptarse a lo que hay eludiendo los conflictos.
Y ya puestos a moralizar, ABC podría prescindir de su abundante publicidad de prostitución, tan cara a todos los diarios españoles -¿para cuándo su control legal?-, y Esperanza Aguirre inspeccionar las clínicas especializadas en aborto de su comunidad; tiene las competencias transferidas, así que los abusos que se cometan allí son cosa suya. No de la izquierda.