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Ese disco rayado

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Carlos Martínez Gorriarán

9 de abril de 2008

A eso sonaba en nuestros fatigados oídos la jornada parlamentaria de ayer en el Congreso de los Diputados. A repetición de la misma cantinela de la legislatura pasada. El discurso inaugural del candidato Rodríguez Zapatero carecía del menor entusiasmo, ese que le gusta invocar tanto. Parecía un opositor aburrido pasando una prueba oral para sacar plaza de registrador de la propiedad. El que sí lo es, Mariano Rajoy, estuvo como casi siempre volando a mayor altura, pero con menor tono y también más aburrimiento que en otras ocasiones. Y la verdadera perla estuvo en que Zapatero se entusiasmó de verdad en el turno de réplica a Rajoy (sería un poco tonto, en esta contienda de partidos casi unipersonales, creer que el debate era PSOE – PP). ¡Ahí se crecía el candidato, en su juego favorito!: hacer una dura oposición a la oposición. Placer compartido por su grupo parlamentario, que aplaudía con frenesí justo en aquellos pasajes donde su líder pretendía dar lecciones de teoría de la democracia –sí, él, el de “la ideología es una idea lógica”- al jefe de la derecha extrema. Pura gesticulación sobre un guión archisabido, espectáculo de cómicos de la legua. Con un Rajoy a ratos brillante en su ironía, pero perdido en un conjunto de detalles que deshacían la necesaria imagen del zapaterismo. ¿Por qué?: creo que porque el PP también tiene mandíbula de cristal en muchos de los dislates que cabe con justicia atribuir al gobierno, desde la atomización del Estado y el desmantelamiento de lo público, a la apoteosis de esa economía del trabajo barato y el empleo precario que amenaza con cobrarse una abultada factura.

En resumen, la sesión de ayer emitía una inocultable sensación de empantanamiento, de círculo vicioso, de cosa archioída y requetesobada. Un Zapatero cuya única identidad política es la de campeón del desprecio a “la derecha”, sin más secreto ni plan que el de maquillar su sectarismo ramplón bajo palabrería sobre acuerdos, talantes y entusiasmos marchitos e impostados. Un Rajoy incapaz de entrar al fondo de las cuestiones, emboscado en su retranca. La cola de nacionalistas con las facturas prestas para cuando sus votos sean necesarios, que lo serán aunque sean menos, o justamente por eso (aunque Erkoreka se mostró a la defensiva, queriendo ser querido, pidiendo cuartelillo…). Y los dolientes dobles de IU-ICV.

Esta legislatura será clónica de la anterior, con el agravante del aburrimiento que produce la caricatura de lo archivisto. Sólo el humor negro podrá disfrutar con las oportunidades incesantes que dará alguien capaz de soltar cosas como que todas las ideas e identidades valen para la democracia (sí, como las de Stalin, Hitler, Bin Laden o Jack el Destripador), o que el problema de la justicia lo resolverá el gobierno “gobernando mejor el poder judicial”. Y que ETA ya está derrotada, sólo que todavía no se ha dado cuenta (bueno, que le manden a ISC con su libro, por si se percatan; al menos, pueden morirse de la risa). ¿La novedad?: aunque sonroje, pues nosotros. Rosa, esta mañana.

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