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Reproducimos en este espacio parte del artículo publicado en la web de UPyD por Álvaro Ballesteros y Francisco García, denominado ¿Seguridad individual o colectiva?
Un ejemplo de grandes bandazos dialécticos es el gran amigo de nuestro ínclito Don Rodríguez: monsieur Sarkozy. El Presidente de la República Francesa ha venido defendiendo hasta hace poco la creación de un Ejército Europeo, contando no solo con el respaldo y estímulo inicial de la canciller alemana Angela Merkel, sino incluso con el apoyo, en octubre del año pasado, de John Hutton, el ministro de Defensa del Reino Unido, país atlantista donde los haya. Monsieur Sarkozy llegó incluso a mostrar su intención de crear una Armada Europea liderada por un portaaviones donde ondearía exclusivamente la bandera de la UE.
Sin embargo, las cosas parecen haber cambiado rápidamente en el cerebro del Jefe del Estado galo. En lo que solo se puede catalogar como aparente delirio antiamericano (a pesar de todas las efusivas muestras de cariño hacia el Presidente Obama) y de peligrosa deriva nacionalista, monsieur Sarkozy ha decidido avivar el nacionalismo francés neo-gaullista, olvidando que ser europeísta no equivale a ser enemigo de los EE.UU., sino más bien lo contrario. Como ya hemos manifestado en artículos anteriores, la UE ha de estrechar vínculos con nuestros aliados y amigos norteamericanos, y es preciso compatibilizar nuestra propia autonomía en seguridad y defensa con el paraguas comun euro-atlántico que nos aporta la OTAN.
Nosotros entendemos que alcanzar la madurez política en la UE significa también asumir plenamente las capacidades y responsabilidades de la seguridad y la defensa de la Unión, sus Estados miembros e intereses propios. Sin embargo, el asumir dichas capacidades y responsabilidades no debe suponer un menoscabo de los esfuerzos compartidos en el marco de la OTAN, ni de los esfuerzos conjuntos con EE.UU., y menos aun un regreso a postulados puramente nacionalistas en el seno de Europa.
Pues bien, el pasado 12 de marzo, el diario El País publicó las últimas declaraciones de nuestro querido monsieur Sarkozy, que agobiado por la actual tensión política en su país (con la crisis económica y la dura oposición de socialistas e incluso de algunos neo-gaullistas), nos regaló una cita mítica: "las Fuerzas Armadas (francesas) son y seguirán siendo nacionales. No podrán integrarse en ningún Ejército supranacional del que perdamos la responsabilidad. Además, nadie quiere eso". Es decir, un discurso absolutamente contradictorio y diseñado según el menú mediático-político de la ocasión, al más puro estilo de nuestro Don Rodríguez. Nos acabamos preguntando a veces quién aprende los disparates de quién.
En nuestra opinión, a día de hoy, ningún país de la UE es capaz de proporcionarse una seguridad y defensa individual coherentes. Ninguno: ni siquiera Francia, el Reino Unido o Alemania. Nosotros defendemos que es preciso entender que el asegurar la defensa de la UE exige que nos sumerjamos en un sistema de seguridad compartida y de defensa colectiva serio, en el que todos los Estados de la Unión puedan hacer frente conjunta y coherentemente a las amenazas globales del siglo XXI.
Hoy en día la UE cuenta con varios enemigos importantes: la inestabilidad provocada por las desigualdades económicas en el mundo; la miseria que azota a millones de seres humanos; el auge de regímenes totalitarios como Irán, que esponsorizan un terrorismo internacional que utiliza medios de ataque asimétricos; la competencia en materia de acceso a las fuentes de energía; y la carrera armamentística reiniciada por ciertas potencias mundiales. Estas son las amenazas, pero nuestros enemigos no son en absoluto parecidos a los tradicionales: no sabemos siempre dónde están ni cómo llegar a ellos. Lo único que está meridianamente claro es que gran parte de nuestra doctrina de seguridad nacional e internacional está anticuada, y que no podemos seguir improvisando nuestras políticas de Asuntos Exteriores y de Defensa como hasta hoy. Necesitamos que la UE se reorganice internamente y que asuma de una vez las competencias en materias tradicionalmente asignadas a los Estados nacionales: como la política Exterior y la de Defensa. La globalización, de tan amplios y equívocos conceptos en el pensamiento público, no solo implica la comunicación de capital, ciencia e ideas, sino también, de defensa y seguridad.
Debemos pues iniciar un proceso serio dentro de la UE, en colaboración con la OTAN y con el los miembros del foro "Partnership for Peace", para repensar el futuro de nuestra seguridad común, el papel de los ejércitos nacionales, y la creación de unas Fuerzas Armadas europeas reales, al servicio de los intereses y las necesidades de la Unión. Lo demás es simplemente perder el tiempo, marear la perdiz, y engañar a nuestros ciudadanos con debates que hace mucho que se demostraron caducos.

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