AMBICIÓN DE PAIS (y III)

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Juan E. Adrián Serrano, miembro del Consejo Político de UPyD

23 de octubre de 2008

 

Nos preguntábamos en el anterior artículo de esta serie si era cierto que las causas de la crisis eran puramente externas y si España estaba mejor preparada que otros países para afrontarla, tal como ha afirmado repetidamente Zapatero. La respuesta a ambas cuestiones es no: externas son las subprime, pero no la burbuja del ladrillo en España; el cortocircuito de préstamos interbancarios es internacional, pero no nuestra fenomenal dependencia de la financiación externa. De la misma manera, los planes de intervención puestos en marcha estos días no son, en primera instancia, para facilitar el crédito a las familias y a las empresas, sino directamente, para que los bancos y cajas de ahorro hagan frente a sus problemas de liquidez respecto al vencimiento de préstamos financieros. Que lo segundo repercuta en lo primero es una suposición generosa por parte del gobierno que por supuesto no obliga a los bancos. Por tanto, asistimos con todo ello a la recurrente tendencia de nuestro presidente de gobierno a pervertir el lenguaje para pervertir la política (Rosa Díez dixit), una forma si se quiere florida, de ocultar y confundir al común de los españoles, y en particular, a su electorado cautivo de izquierdas.

Si la extrema dependencia de la financiación exterior es fatal para afrontar la crisis, y más allá, para desarrollar un proyecto ambicioso de país, también lo son otros factores estructurales de la economía española: la concentración de las exportaciones en unos pocos países europeos, la dependencia energética de petróleo, gas y electricidad -de origen nuclear- exteriores, las limitaciones de la UE en forma de cuotas y límites de producción en los sectores de agricultura, ganadería y pesca. Y podemos añadir más: el déficit enorme en la balanza comercial, un pésimo modelo educativo viciado de excrecencias localistas y generador de licenciados mileuristas, una I+D+i paupérrima y carente de control, etc.

Entonces, ¿a qué se refiere Zapatero con que estamos mejor preparados? ¿A la fortaleza de nuestro sistema financiero, excelentemente regulado por el Banco de España que, no obstante, requiere de similares inyecciones de capital público que el resto de países para salir adelante? ¿A la fortaleza del Banco de Santander, comprador en tiempos de crisis y de falta de liquidez, de bancos ingleses y americanos? ¿A la fortaleza de Telefónica, que confirma sus objetivos de crecimiento para 2008 pese a la crisis económica? Pero oiga, muy bien, pero es que estábamos hablando del país en su conjunto, no sólo de la privilegiada cúspide de la pirámide.

Evidentemente, este país tiene otras potencialidades, otros recursos, no para poner en quiebra el capitalismo y hundirnos en un pozo ciego, sino para cuestionar este concreto y específico capitalismo a la española alejado de los intereses del conjunto de la ciudadanía española: puede instaurar planes de ahorro nacional que respalden de forma efectiva los niveles de endeudamiento, empezando por los gastos superfluos del estado y las comunidades autónomas (¿quieren ejemplos?); puede reforzar el control democrático del gasto público, empezando por el actual plan de rescate de la banca; puede tomar medidas tendentes a reducir la dependencia energética diversificando, y no obstruyendo, las fuentes energéticas propias; puede extraer recursos, si se ha podido hacer con la inyección financiera a la banca, para establecer planes de Educación y de I+D+i competitivos y con objetivos estratégicos; puede ayudar directamente a la reactivación de la economía familiar y de las PYMES, etc.

Pero para todo ello hacen falta políticos, banqueros, sindicalistas, economistas, educadores, investigadores, personas de todo tipo que sean capaces de albergar y de asumir este otro proyecto, esta otra ambición para nuestro país: no políticos que priman sólo a los privilegiados o poderosos y aspiran a ser pagados por ello; no partidos políticos que subordinan los intereses generales a los locales; no administraciones que legalizan el atraco de los derechos constitucionales; no bancos cuyo enriquecimiento no guarde relación ninguna con la prosperidad del país; no sindicalistas cansados, cansinos, y bien reposados; no economistas abstrusos columpiándose en su pretendida ciencia con conclusiones siempre temibles para el común de los mortales; no educadores descreídos y vencidos; no investigadores maltratados… Para todo ello, como modesta aportación, merece la pena un proyecto, un esfuerzo, como el de UPyD. No para otra cosa.

 

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